Nuevo Cable Submarino Entre Canadá y Europa

Proyecto busca conectarse sin pasar por EEUU

Leif Erikson, el legendario explorador nórdico, volverá a cruzar el Atlántico desde Europa hacia América pero esta vez mediante la fibra óptica. Un proyecto de cable submarino lleva su nombre, con el fin de unir Noruega con Canadá, y cuya gracia principal es lo que evita: pasar por Estados Unidos.//

Según informa Bloomberg, la firma noruega Bulk Infrastructure Group, que construye redes de fibra y centros de datos, busca un socio estratégico canadiense que tome la mayoría de la propiedad del sistema. El costo estimado supera los 620 millones de dólares.

Hoy buena parte del tráfico de datos y voz de Canadá circula por redes estadounidenses. Hasta ahora ello no había sido un problema, pero las amenazas de Washington contra la soberanía canadiense desde la administración del presidente Trump obligaron al gobierno del primer ministro Mark Carney a revisar esa dependencia, explica el medio.

El cable partiría en el extremo sur de Noruega, cruzaría unos 4.600 kilómetros de Atlántico y llegaría a Happy Valley-Goose Bay, en Terranova y Labrador, la provincia más oriental de Canadá. Desde ahí seguiría bajo tierra por Quebec hasta Montreal, en un tramo de 1.900 kilómetros.

El proyecto se presentó a inversionistas globales en septiembre, en una cumbre de inversión organizada por el gobierno canadiense en Toronto. El folleto lo describe como una vía de transmisión de datos “directa, segura y de alta capacidad” para inteligencia artificial, telecomunicaciones y grandes nubes digitales.

Peder Nærbø, fundador y presidente ejecutivo de Bulk, lo resumió sin rodeos: para él, tiene que ser un sistema de cable soberano canadiense. También sostuvo que Canadá carece de resiliencia, es decir, de capacidad de resistir golpes sin quedar desconectado, y que el factor decisivo fue la escalada de la situación con Estados Unidos.

Hay un dato que ayuda a dimensionar el asunto. Sólo un puñado de cables submarinos conecta directamente a Canadá con el resto del mundo sin tocar territorio estadounidense, y ninguno de ellos pertenece a una empresa canadiense. El más nuevo es Topaz, de Google, que une Canadá con Japón.

Nærbø lleva más de cinco años con la idea. Según detalla Tom’s Hardware, medio especializado en tecnología, ya la había intentado impulsar sin éxito, y los vientos geopolíticos le dan ahora un nuevo impulso.

Bulk tiene raíces canadienses. Una filial de la aseguradora Sun Life Financial posee el 65% de la empresa a través de dos fondos, y algunos fondos de pensiones del país participan indirectamente.

Aun así, el cable es más bosquejo que obra. Hay proveedores comprometidos, pero faltan estudios de ruta respaldados por la Unión Europea y Canadá, además de clientes y financiamiento. El tramo terrestre enfrentará permisos y requerirá el apoyo de comunidades indígenas.

El calendario, eso sí, juega a favor. Canadá y la Unión Europea planean respaldar el 29 y 30 de octubre, en una cumbre en Montreal, una declaración conjunta para estudiar cómo mejorar los vínculos digitales entre Europa, Canadá y Asia con nuevos cables submarinos. La oficina canadiense que acelera grandes proyectos ya conversó con Bulk, afirma Nærbø.

La ministra de Industria, Melanie Joly, se reunió con él este año en Noruega. Su cartera no quiso comentar el proyecto, pero aseguró que la seguridad y la resiliencia de las telecomunicaciones son prioridades clave.

El expolítico Erin O’Toole, hoy jefe para Norteamérica de la consultora de riesgos ADIT, opinó que un enlace submarino con Europa debería ser parte central de la colaboración comercial y de seguridad que propone Carney.

Por si faltaran razones, el empresario apunta a la inestabilidad en el mar Rojo, por donde pasan las rutas entre Europa y Asia, y al sabotaje deliberado de cables en Medio Oriente.

Otro dato del contexto es que Carney dijo al New York Times que Canadá se alejará del internet satelital Starlink, de Elon Musk. En agosto, además, el gobierno adjudicó a la canadiense Telesat un contrato de 2.300 millones de dólares canadienses para conectividad satelital militar en el Ártico.

Para el lector chileno, la historia tiene un aroma conocido. Aquí también hubo un cable submarino que levantó polémica por cuál ruta es “segura” y cuál no, aunque el mayor debate se dio porque la conexión propuesta era con China.

Se trata del proyecto Chile-China Express, impulsado por China Mobile International. Este contempla un cable de fibra óptica de unos 20.000 kilómetros entre Valparaíso y Hong Kong, y busca conectar directamente a Chile con Asia, según recuerda BioBioChile.

Estados Unidos advirtió riesgos de seguridad y espionaje. En febrero, el secretario de Estado Marco Rubio anunció restricciones de visa a tres funcionarios chilenos que, dijo, “dirigieron, autorizaron, financiaron, y brindaron apoyo sustancial o llevaron a cabo actividades que comprometieron infraestructura crítica de telecomunicaciones”.

Antes, el embajador estadounidense Brandon Judd había cuestionado la necesidad de un nuevo enlace operado por China, dado que Chile ya cuenta con el Cable Humboldt, un proyecto con Google y Australia de unos 14.800 kilómetros, cuya obra principal debería terminar en 2027.

El gobierno de Gabriel Boric rechazó las sanciones. “Chile es y será autónomo en las decisiones que tome”, dijo el entonces presidente desde Rapa Nui.

Ahí viene la parte enredada. El 27 de enero el entonces ministro de Transportes, Juan Carlos Muñoz, firmó la concesión del proyecto, y sólo dos días después fue anulada, con el argumento de un “error técnico o en su tipeo”.
Ese mismo 27 de enero, de acuerdo con una revelación del New York Times, funcionarios chilenos habrían sido advertidos por Estados Unidos sobre las sanciones.

Hoy, según fuentes de Radio Bío Bío, el proyecto sigue en estatus de “análisis”. No fue desechado… pero tampoco avanza. El actual ministro, Louis de Grange, evitó referirse al tema.

*Esta nota fue realizada por usando Claude de Anthropic

 

 

 

 

Los comentarios están cerrados, pero trackbacks Y pingbacks están abiertos.