En un episodio del podcast, Ultimate Human with Gary Brecka, el biólogo humano Gary Brecka y el neurólogo David Perlmutter relacionaron la prevención del alzhéimer con el control metabólico, la actividad física, el descanso y la vida social.
El diálogo se centró en la resistencia a la insulina, es decir, la menor capacidad del organismo para responder a esa hormona y regular el azúcar en sangre. Ambos sostuvieron que este desequilibrio puede aparecer años antes de un diagnóstico de diabetes o de deterioro cognitivo.
Brecka relató que su madre tuvo indicadores de prediabetes durante cerca de dos décadas sin recibir un tratamiento específico, ya que no había llegado al rango de diabetes. El médico planteó que los cambios cognitivos pueden haberse iniciado mucho antes de que se manifiesten los primeros olvidos.
El entrevistado afirmó que un tercio de los adultos estadounidenses tiene prediabetes y que una parte importante de ese grupo desconoce su condición. “El 90 % de los pacientes prediabéticos de Estados Unidos no lo sabe”, dijo durante la entrevista.
El neurólogo vinculó la elevación sostenida de glucosa con problemas metabólicos que, según su explicación, pueden afectar al cerebro. También cuestionó que los controles anuales sean suficientes cuando los resultados se ubican dentro de parámetros considerados normales, pero alejados de lo que definió como niveles óptimos.
El conductor señaló que las teorías sobre el alzhéimer incluyen factores genéticos y ambientales. Perlmutter coincidió en que se trata de un cuadro multifactorial y rechazó reducirlo a la idea de una “diabetes tipo 3”, aunque consideró que la resistencia a la insulina tiene relevancia en ciertas regiones cerebrales.
Entre esas zonas mencionó el hipocampo, asociado a la memoria; el hipotálamo, que participa en la regulación metabólica; la corteza prefrontal, vinculada con la planificación y la toma de decisiones; y el bulbo olfatorio, relacionado con el sentido del olfato.
El especialista explicó que las microglías son células inmunitarias del cerebro. Según su descripción, pueden proteger las conexiones entre neuronas o adoptar una conducta inflamatoria que afecta esas conexiones y la barrera hematoencefálica, una estructura que protege al sistema nervioso de sustancias circulantes en la sangre.
“La salud metabólica del cuerpo determina el comportamiento de las células inmunitarias del cerebro”, sostuvo. A esa relación la llamó inmunometabolismo, un concepto que conecta el funcionamiento del sistema inmune con el metabolismo.
También enumeró otras fuentes de inflamación que, a su juicio, requieren atención: la mala salud bucal, las alteraciones de la microbiota intestinal (microorganismos) y la exposición a partículas contaminantes presentes en el aire.
El profesional mencionó que el gen APOE4 se asocia con una mayor predisposición al alzhéimer. Sin embargo, remarcó que ese resultado genético no equivale a un diagnóstico inevitable: “La predisposición no es destino”.
Los entrevistados coincidieron en priorizar alimentos poco procesados y reducir los carbohidratos refinados, que pueden elevar rápidamente el azúcar en sangre. Perlmutter destacó una alimentación centrada en vegetales y la necesidad de vigilar los indicadores metabólicos.
En ese punto, citó un ensayo de intervención con personas diagnosticadas con alzhéimer, al que atribuyó cambios en la alimentación, ejercicio y manejo del estrés durante cerca de 20 semanas. Según relató, el 70% de los participantes detuvo su deterioro cognitivo o mostró mejorías.
El neurólogo también se refirió al estudio POINTER, que incluyó a personas mayores con factores de riesgo metabólico. De acuerdo con su exposición, los participantes que siguieron pautas de alimentación, actividad física, reducción del estrés y entrenamiento cognitivo lograron mejoras en evaluaciones mentales.
“Nunca es demasiado tarde para empezar a hacer ejercicio”, afirmó. Añadió que combinar actividad aeróbica, ejercicios de fuerza, flexibilidad y equilibrio puede ser útil, especialmente para mantener masa muscular y disminuir el riesgo de caídas.
El sueño fue otro de los ejes: el neurólogo indicó que una noche de descanso insuficiente puede alterar la función de la insulina y elevar moléculas asociadas a inflamación. Durante las fases profundas del sueño, agregó, el sistema glinfático (una red de canales que ayuda a eliminar desechos del cerebro) contribuye a depurar los residuos acumulados.
Ambos señalaron además que el aislamiento social puede perjudicar la salud mental y cognitiva. El entrevistado relacionó la soledad con el aumento del cortisol, una hormona vinculada con la respuesta al estrés.
“Hay que mantener a las personas mayores conectadas con otros”, planteó el neurólogo, quien incluyó tanto los encuentros presenciales como las comunicaciones virtuales y la convivencia con mascotas como formas de acompañamiento.
Al cierre, definió la meta de una vida saludable como la posibilidad de conservar independencia y propósito. “Ser un humano pleno significa identificar tus habilidades y aprovecharlas al máximo”, concluyó.
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