VIVIR MIL AÑOS: LA VEJEZ LARGA Y SALUDABLE ABRE LA INCOGNITA SOBRE LA EXTENSIÓN MÁXIMA DE LA VIDA HUMANA

Por Gabriela Esquivada./ Fte. INFOBAE

El médico Rudi Westendorp asegura que ya nació la persona que llegará a los 135 años. Algunos de sus pares apuestan a que en un futuro el hombre podrá vivir un milenio.//

«La idea de que los humanos tienen un tiempo máximo de vida genéticamente predeterminado carece de base científica»: la afirmación del médico holandés Rudi Westendorp es apenas la punta del iceberg de su perspectiva innovadora sobre las etapas de la vida.

En un siglo, la expectativa de vida pasó de 40 a 80 años, y la cantidad de personas que llegan a los 65 años se triplicó. Cada semana los bebés nacen con dos días más de edad potencial. Sobre esa base, estimó el profesor de Medicina Social de la Universidad de Copenhagen, es posible afirmar que en el mundo ya ha nacido la persona que vivirá 135 años.

No es el futuro, ha insistido Westendorp. Es el presente.

Y se extendió con una observación crucial: no se trata sólo de sumar años, sino de sumar calidad de vida. Cada vez más personas viven mejor en la vejez. Las condiciones ambientales y la tecnología médica lo permiten.

Al gerontólogo le hizo gracia cuando condujo una encuesta a 600 personas que habían cumplido 85 años. La mayoría tenía una historia clínica rica en males de la edad; sin embargo, cuando se les preguntaba si se sentían viejos o con mala salud, respondían que no y, amables, ofrecían un ejemplo: «Pregúntele a mi vecina. Ella es vieja. Ya no puede caminar», le dijo un entrevistado. La mayoría, además, manifestó que estaba satisfecha con sus vidas: las describieron entre buenas y muy buenas.

—¿Cómo llegó a esta visión sobre la vejez como una etapa de la vida tan positiva como la juventud?

—Surgió de mi práctica como clínico —dijo Westendorp a Infobae—. A veces algo se cuece subliminalmente y de pronto se presenta con total claridad. Recuerdo la consulta de una pareja: él estaba realmente frágil, con varias enfermedades y antecedentes de fallas cardíacas y respiratorias. Estaban hacia el final de sus 80 años. Mientras los escuchaba hablar, tan encantadores, pensé: «Acaso sea mejor que te des por vencido, porque tienes tantas complicaciones…» Me hicieron preguntas, los aconsejé. Terminó la consulta. Cuando nos dimos la mano, él me dijo: «Doctor, si todo sigue así, espero verlo el año que viene». Fue revelador. Las personas hemos nacido para hacer algo de nuestras vidas, aun si uno está frágil, enfermo o viejo.

Cumplir años sin envejecer

En su libro Growing Older Without Feeling Old: On Vitality and Ageing (que Semana tradujo al castellano en Colombia, como Cumplir años sin hacerse viejo: sobre la vitalidad y el envejecimiento), el investigador del Departamento de Salud Pública de la Universidad de Copenhague argumentó que en la medida en que Occidente garantizó a la mayoría de su población los alimentos, el agua potable y el acceso a los cuidados médicos, se sentaron las condiciones para vivir más y mejor. También los avances tecnológicos —médicos, pero también urbanos y de comunicación, entre otros— influyeron para que la vejez no sea un horizonte temible, de pura pérdida: de seres queridos, de facultades propias.

—Cuando uno es joven y mira a la gente mayor piensa que la vejez es un desastre, puro drama, retiro, inseguridad social… Nadie quiere llegar a eso. Pero una vez que llegan, casi todas las personas quiere continuar con sus vidas. Y en casi todos los países donde la calidad de vida de la gente mayor no es más baja que la de los jóvenes o los adultos, en general tiende a ser más alta.

—¿A qué se debe?

—La experiencia tiene mucho que ver. Los jóvenes miran a la gente mayor y ven problemas, pero si uno tiene 80 ya ha aprendido que vivir conlleva problemas, y que hay que superarlos. Ante cosas que pueden llevar a los jóvenes a la depresión, la gente vieja se ríe: han pasado periodos así en sus vidas y los han podido superar. Compramos problemas —como individuos y también como sociedades— porque creemos que la vejez es distinta de la adultez o la juventud. Pues no lo es. Cuanto más se habla con la gente mayor, más se comprende que la vida en la vejez no es diferente de la vida en otras etapas: se trata del amor, el sexo, el dinero, los amigos, la soledad, las celebraciones, las comidas agradables, las veladas en buena compañía, los sentimientos de orgulloso por los hijos… Sí: lo mismo.

—Eso es el campo de lo individual. ¿Qué sucede en el plano colectivo?

—El problema es que nos enfocamos en la juventud y vemos connotaciones negativas en la vejez. Si echamos de sus trabajos a las personas a la edad de 55 o 60 o 65 porque pensamos que no valen nada, creamos un problema: como sociedad tenemos que asumir responsabilidad por ellos, para que no mueran de hambre. Pero si se les da la oportunidad de trabajar, se les deja su propia responsabilidad: uno trabaja, gana su dinero y puede ser responsable de su propia vida. Es lo que la mayor parte de la gente quiere hacer: en Europa, al menos, casi todos los que se retiran pronto quieren estar trabajando otra vez. El trabajo brinda independencia, contacto social, razones para estar orgulloso y para salir de la cama cada mañana.

El punto que señaló el médico geriatra es un cambio social tan patente que hasta ha llegado a Hollywood: la película The Intern trató exactamente ese tema. Robert de Niro es un viudo jubilado que practica Tai-Chi y se presenta como pasante a una empresa de venta en línea que creó Anne Hathaway. «La experiencia nunca envejece» es la frase promocional de la obra de la directora Nancy Meyers.

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